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| Distopía y cerezas podrídas |
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[10-11-2008] Cuando leí ya hace casi dos décadas un artículo en una revista española referente a la caída de la Unión Soviética, me encontré por primera vez con el término «Distopía», que se define como el antónimo de Utopía. El artículo describía al socialismo como un sueño irrealizable. Por tanto, al querer forzarlo, es decir, intentar hacer real lo utópico, se convierte en una distopía. Algo así como una sociedad con tendencias apocalípticas, una negación o burla de sí misma, una realidad indeseable. Irónicamente para entonces hubiese visto como algo utópico la posibilidad de que Venezuela poseyera un sistema socialista. Heme aquí, en distopía.
En mi reciente experiencia por carretera en la que conocí las ciudades colombianas de Riohacha, Santa Marta y Barranquilla, recordé las revelaciones que leí en el libro El General en su Laberinto de G.G. Márquez. Bolívar, tan enfermo como moribundo, tenía la esperanza de mejorarse y controlar Riohacha para entrar a Venezuela por Maracaibo e iniciar un contra-ataque con el objeto de retomar la república: «De Riohacha depende la suerte del mundo». Yo pensando en Bolívar y una alcabala que nos detiene cerca de La Ciénaga. «Somos el Ejercito Colombiano, estamos para protegerlos. Documentación, por favor». Tanta amabilidad y cortesía me eran ajenas, ya que en mi país muy pocos militares nos respondían el saludo y la mayoría de las veces nos veían como gente vulnerable a cualquier humillación ¿Porque estamos en frontera y que coño hacíamos por aquí?. No lo creo. En frontera o no siempre tienden al abuso de poder, a la mala educación, a la arrogancia del que nunca ha sido y ahora tampoco pero no lo sabe. Heme de nuevo aquí, en distopía.
¿Que clase de patriota soy que apenas salgo de Venezuela y ya comienzo a buscarle lo negativo?. Es mejor ver lo positivo. ¡Y cuantas cosas positivas tenemos!. La gasolina es casi regalada y prácticamente NO se paga peaje. Aquí en Colombia es un lujo llenar el tanque y los peajes son ganchos al hígado. Tal vez por eso es que la carretera costeña colombiana está en tan buen estado y la seguridad militar durante el trayecto te hace sentir seguro. Esa seguridad que te da paz. Esa paz que tal vez le otorgó el destino a Bolívar al Elegirle estos caminos como sus últimos. Si, efectivamente la fuerza del Libertador Universal se eternizó por estos lares. Y esa fuerza que lo mantiene vivo en la Quinta San Pedro Alejandrino donde por un momento perdí el aliento viendo su Última alcoba. «La América es ingobernable, el que sirve una revolución ara en el mar, este país caerá sin remedio en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas», eran algunos vaticinios lúgubres de Simón antes de dictar su testamento formal. ¿Qué pasó en Venezuela?. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo es que este país inmerso en 50 años de guerra civil Me hace sentir más seguro, más Bolivariano y más impotente? ¿Cómo es que 40 años de guanábanas podridas desencadenaron en 10 años de cerezas? ¿Es que Bolívar se nos presenta como nuestro propio Nostradamus criollo que nos bate en cara que tanto dinero por el petróleo nos es inútil?. Yo me respondo que no. Miro su cama y le refuto que no. No, Bolívar. Si podemos ser mejores. No por llevarte la contraria o faltarte el respeto. Al contrario, para pensar que Todos los venezolanos somos Riohacha, de quienes depende la suerte del mundo.
Carlos M. Baute
CL-Radio.com
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